Artículos periodísticos

La ganadería con óptimas perspectivas

Por Juan Alemann
25 de julio de 1997
La Razón

En los últimos años la ganadería vacuna ha sido la Cenicienta de las actividades del agro, con precios bajos y una continua liquidación de existencias, las que se ubican actualmente en torno de las 50 millones de cabezas, un 10 % menos que hace unos años. Bien no se sabe cuántos vacunos hay, porque hay mucha actividad en negro y muchos ganaderos no declaran todos los animales. Si lo hicieran, la cadena de la venta en negro que llega hasta la carnicería no cerraría y podrían tener problemas. La única forma de tener cierta certeza sobre stocks ganaderos es con fotografías satelitales, que captan el calor emitido por los animales, distinguiendo perfectamente un vacuno de un ovino y de otras especies. Sólo con los caballos puede haber confusión; pero como quedan pocos, no es un problema mayor. Si la Argentina estuviera adherida al sistema de información satelital mundial de los EE.UU., seguramente tendríamos el dato sobre existencias ganaderas.

La cuota de importación de los EE.UU.

El hecho nuevo en la ganadería argentina es que desde hace más de tres años no hay más brotes de aftosa, por lo cual el país ha sido declarado mundialmente "país libre de aftosa con vacunación''. En el acuerdo de Marrakesh se estableció que no es lícito establecer restricciones sanitarias en estas condiciones, o sea se aclaró que no se puede exigir la condición de "libre con vacunación''. En ese mismo acuerdo los EE.UU. concedieron a la Argentina una cuota de 20.000 toneladas de carne enfriada o congelada. Ese país tiene un sistema de cuotas libres de arancel; pero aparte permite la importación con arancel. La importancia de esta cuota reside en que más adelante puede ser aumentada, ya que Australia no cumple la suya, de modo que la Argentina puede pretender lu ego parte de la misma. Además, los países asiáticos siguen la pauta norteamericana, con lo cual se nos abren importantes mercados.

Después de largos trámites, que los EE.UU. demoraron a la espera de la sanción de la ley de patentes por parte de la Argentina, el 25 de junio se publicó en el Boletín Oficial de ese país la autorización concreta para la importación de las 20.000 toneladas. Falta aún el último escollo, ya que el Congreso tiene 60 días para objetar la resolución. Pero se supone que no habrá problemas, de modo que el 25 de agosto, o sea exactamente en un mes, tendremos el camino libre.

No está claro qué sucede ahora con las exportaciones de carne cocida. Porque teóricamente, al no haber más aftosa, debería poder enviarse esa carne sin cocinarla, o por lo menos con un punto de cocción inferior, de modo que sirva para hamburguesas, lo que ahora no es el caso. Con esto se abriría un gigantesco mercado.

El nuevo escenario

La perspectiva cierta de la ganadería es, pues, de un aumento importante de la exportación, lo que elevará el precio interno del ganado y creará algún problema con el índice de precios al consumidor. Felizmente la población es ahora menos dependiente de la carne vacuna que en otras épocas, por cambios de hábitos y por una mayor oferta de alimentos alternativos. Pero de todos modos hay que hacerse a la idea de que habrá un problema.

Mucha gente ya comenzó a pensar en la evolución que se avecina. Esto ya tuvo varias consecuencias, a saber:

  1. Un aumento de precios de campos ganaderos, calculado por la revista especializada "Márgenes Agropecuarios'' para 1997 en comparación con el promedio de 1977 a 1996 en 31 % para campos de cría y del 112 % para campos de invernada.
  2. Un aumento de precio de los terneros y las vacas, lo que indica una mayor demanda por parte de criadores e invernadores.
  3. Grandes grupos económicos manifiestan un repentino interés en la compra de frigoríficos. Garovaglio y Zorraquín acaba de comprar la empresa CEPA, el frigorífico más importante del país, por $ 84 millones, después de haber vendido parcialmente sus activos en la industria petroquímica. La empresa norteamericana Agro World Corporation está concluyendo las negociaciones con el gobierno de la provincia de Entre Ríos por el frigorífico Santa Elena, cerrado hace un tiempo, después de dos fracasos empresarios. Se sabe además de otras negociaciones por compra de establecimientos faenadores con autorización para exportar.

    Ante este nuevo panorama se impone un reordenamiento de la economía ganadera. La Secretaría de Agricultura, Pesca y Alimentación ya efectuó un reempadronamiento de los frigoríficos, en el cual inicialmente la mitad quedó afuera, o sea, no cumplió los requisitos exigidos. Algunos ya fueron cerrados y otros lo serán, si no se adecuan a las normas. El mayor control requerido no es sólo sanitario sino sobre todo impositivo. El problema de la industria exportadora, que por sus características sólo puede evadir impuestos marginalmente, es que cuando existe una elevada y generalizada evasión no puede integrarse al mercado interno, como sería necesario para optimizar su actividad. Porque hay partes del animal que se venden mejor en el exterior, mientras que otras tienen más mercado en el país. Tal vez ahora, con la amplia apertura de mercados, se pueda exportar todo, sea como media res, como carne troceada y envasada al vacío o como carne picada para hamburguesas. Si esto fuera posible, se supera el inconveniente, lo cual no significa que de todos modos haya que reducir drásticamente la evasión absolutamente escandalosa en este sector. Para lo cual, en primer lugar, el procedimiento iniciado por la DGI en agosto de 1996 contra Alberto Samid debe salir de su parálisis. No es admisible que el juez Liporaci aún no haya citado a declarar a Samid, ni haya dispuesto su prisión preventiva. No se entiende por qué ningún legislador se ocupó del caso, solicitando juicio político a dicho juez, quien obviamente está entorpeciendo la acc ión de la DGI en el caso más importante del sector. (Un "leading case''.) Mientras no pase nada con Samid, los que están en el comercio de la carne pensarán que la cosa no va en serio.

    Aparte de esto, desde el Gobierno debe analizarse el nuevo escenario a fondo. El último año se ha dado un claro desplazamiento de la ganadería por la agricultura, gracias a lo cual se alcanzó la cosecha superrécord de 53 millones de toneladas de granos y oleaginosas. No es razonable revertir esto; por eso hay que pensar en una ganadería más intensiva. Hay mucho margen de producción por aumento de la tasa de parición, de la disminución de la tasa de mortandad y de implementación de técnicas de engorde más rápido. En 1969 la Fundación Ford hizo un importante estudio sobre la producción agropecuaria argentina (que llamó "Argentina, el gigante dormido''), destacando como principal conclusión el hecho curioso, que no se da en otros países, de que existían diferencias notables de rendimiento entre productores de una misma zona, o sea con los mismos suelos e iguales condiciones climáticas. El estudio atribuía esto a diferencias en el nivel tecnológico. Desde entonces, gracias a la acción del INTA, de los grupos Crea, de las facultades de Agronomía, y también por el cambio generacional, hubo un gran avance. Pero queda aún mucho por hacer. Un hecho interesante es que cuando en ganadería se quiere aumentar la eficiencia, hay que ocupar más personal y capacitarlo adecuadamente. Se acabó la época en que el campo expulsaba mano de obra.

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